Escapadas

EL BOSQUE DE LAS HADAS

En verdad que es un sugerente nombre para un bosque, y está claro que no fue puesto al azar, sino mas bien elegido a conciencia.

Este es el primero de los viajes que plasmo aquí, y si bien puede que  no encaje perfectamente en la denominación de viaje, más bien en el de escapada, se trata de un destino que hemos postergado por tanto tiempo, que merecía tener el honor de ser el primero.

Allende los años, tuve la increíble suerte de visitar el bosque por primera vez, y esa primera visita me marco de tal manera que mi sueño era poder ir otra vez con los “colegas“. Hubo una suerte de intentos en años posteriores, pero no debían estar alineados los astros, porque nos fue imposible encontrarlo. No diré que lo buscamos denodadamente, pero quizás las Hadas se mostraron esquivas y ocultas a nuestras miradas.

Esta vez íbamos a tener más suerte.

Por fin llegó el momento del viaje. Habíamos coincidido los 5 fantásticos, habíamos tenido las reuniones previas para hacer balance de las viandas que debíamos portar, de la ruta que íbamos a seguir. Estaban establecidas las funciones de cada miembro, que básicamente consistían en quien llevaría el “carajillo“, quien el “orujo” la bota de vino, los chorizos, la empanada, el pan … esas cosillas que todo buen explorador debe llevar siempre en su mochila.

Al final y casi en el último momento, un miembro de la expedición se apeo de la aventura. Mentes superiores a las nuestras requerían su presencia. Con él, quedó en tierra el orujo…

El Sábado llegó por fin, y con el venía el sol. Se presentaba un fin de semana espléndido, hacía fresquito ya que estábamos en Noviembre, pero sabíamos que un sol radiante nos acompañaría toda la jornada. Nos habíamos equipado con todo lo que un buen montañero necesita al salir al campo (incluidas las barritas energéticas, sí, esas rojas que si las aprietas les chorrea un líquido de color rojo), y a las 7 de la mañana estábamos en el coche rumbo a la Sierra de Riopar.

Si señores, nuestro destino estaba en Riopar, concretamente cerca de una de sus pedanías “Mesones“. Eso también evoca en mí recuerdos ancestrales, de acampada cargada de penurias, de comidas frías y caminatas interminables, de risas, de nostalgia.

Antes de llegar a Mesones, hicimos una parada para avituallarnos. En el maravilloso pueblo de “Fuente Higuera” y en el bar de Juan, nos tomamos un café y una tostada que “no se la salta un gitano con zapatillas nuevas“, y todo por el irrisorio precio de 1,50€. Ya almorzados y pertrechados con botas hidrófugas, chubasqueros hidrófugos (la bota de vino creo que también se podía mojar), dejamos el coche en la famosa “Fuente de la Guitarra” y tras encontrarnos, !sorprendentemente!, a mi mentora por estas tierras, iniciamos el ascenso al “Balcón de Pilatos“.

El objetivo de la Ruta era sin duda el Bosque de las Hadas, pero habría sido demasiado fácil, y nosotros somos hombres de retos titánicos, de aventuras interminables. Nuestras salidas se caracterizan por ser desafíos a la naturaleza, siempre buscamos el límite, para una vez llegados a él, poder cruzarlo orgullosos. No nos interesan las caminatas rutinarias, iniciamos cada jornada con el objetivo de ir más allá que el día anterior, para demoler nuestras propias marcas. Nuestros pies desayunan piedras, se tragan los ríos, los bosques, las montañas, las cañadas, terraplenes, cuestas (arriba y abajo), !somos ansia viva!.

Por ello íbamos a llegar más allá, hasta el Balcón de Pilatos y el Tejo Milenario (o Centenario, vamos viejismo).

La ruta discurría en su primera etapa a la margen del Arroyo de la Celadilla. Una ruta un tanto complicada, salpicada de enebros, arces, carrascas y pinos (es posible que me haya inventado alguno, pero !quedaba tan bien decirlo!). Una senda húmeda por la condensación del rocío del riachuelo, un suelo plagado de hojas amarillas, y lleno de rincones bucólicos (sí vale, también un poco alcohólicos, porque llevábamos la bota a cuestas y había que “recuperar el resuello”). Este primer tramo fué fácil, la complicación había de venir en el momento en que esta senda se cruzaba con la pista forestal, y había que o bien seguir por esa pista hasta llegar al “Cortijo Segundo” (además es el segundo cortijo de la ruta), o bien buscar otra senda que se supone aparecía un poco más adelante y que nos volvía a engullir en el bosque y nos permitiría el acceso al esquivo Bosque de las Hadas.

Evidentemente esta era la segunda opción que habíamos de elegir, porque !para eso habíamos venido hasta aquí!. Ciertamente encontrar esa senda, no pareció difícil. Digo pareció, porque conforme avanzábamos por ella, se hacía más evidente que el anhelado Bosque no estaba por allí. El desanimo se apoderó de nuestros corazones, y tan sólo la fuerza del “Pan de Lembas” (camuflado en esta ocasión por “carajillomade in spain) consiguió que pudiéramos seguir hacia adelante, al Balcón de Pilatos.

El sobreesfuerzo era patente en nuestras miradas, los kilómetros empezaban a pesar, el desnivel de la subida empezaba a cargar nuestros gemelos, nuestras frentes se perlaban de sudor frío. Pero seguíamos adelante, movidos por la férrea disciplina que nuestro entrenamiento nos ha dado,  envalentonados y motivados por todavía poder encontrar el Bosque, aunque fuera a la vuelta.

Paso a paso y tras dejar atrás el Cortijo de Segundo, divisamos a lo alto la silueta del Balcón. Se trataba de un último esfuerzo, ya no había marcha atrás, no podíamos volver con las manos vacías y las orejas gachas, nuestro orgullo masculino nos dio el empujón que necesitábamos para alcanzar la cima. Tras unos minutos agotadores pisándonos la lengua, la inmensidad de la vista desde el Balcón nos inundó como un caudal de energía. Inspiramos el aire puro de la naturaleza, nos dejamos caer al suelo exhaustos, agotados, sudorosos. De nuestras gargantas se escaparon gruñidos de orgullo, ahora restaba recuperar el aliento (el resuello llevábamos recuperándolo todo el camino).

La vista de una aldea del municipio de Yeste, del embalse de la Fuensanta y de la sierra que los rodea era magnífica.

Fue en este punto donde mi mentora con dos de su intrépidas compañeras nos alcanzaron, venían como si acabaran de salir a comprar el pan, !que no sa’bían cansao!. Aún así, fuimos caballerosos y les dimos a probar del elixir. Fué su perdición, porque desde ese momento y ya bajo el influjo de sus místicos poderes, empezaron a entonar el himno de la exaltación de la amistad. Hay que tener cuidado con este tipo de magia, que sólo maestros avanzados son capaces de dominar.

Tras haber reposado y haberse aireado las sudadas camisetas tras exponerlas al fresco aire de la sierra (!!para volver a ponérselas!!), comenzamos la búsqueda del Tejo. Esta iba a convertirse en una tarea imposible, se mostró esquivo hasta el punto que no hubo manera de encontrarlo. No voy a echar la culpa de ello a nadie en concreto (ya sabemos todos de quien hablo), pero el caso es que esa aparición repentina nos despistó. Yo íba de guía explorador, adentrándome en la espesura, bajando los barrancos, oteando el horizonte en busca de tan magnífico árbol, pero todo fue en vano. Y mira que casi llegamos al pico de Argel (no al que está en Argelia pero casi).

Por allí, perdidos en una inmensa llanura montañosa (ya ya, que suena muy raro, quiero decir que llegamos hasta un sitio muy alto donde había un planicie), decidimos que era momento de parar para comer. Todavía en este punto nuestras compañeras, vagaban desperdigadas por la sierra, aunque creo que en realidad lo que no querían era perder de vista el mágico elixir. Y nos acompañaban otras pociones milagrosas, de las que hasta Calleja estaría orgulloso.

Encontramos un pequeño recodo al resguardo del aire, y nos acomodamos como pudimos entre las piedras. Desplegamos todo el arsenal del que disponíamos y el campo empezó a llenarse de esos maravillosos efluvios. No voy a describir lo que nuestros estómagos sintieron en ese momento, de hecho no hay foto porque no hay gran angular que capte la cantidad de comida que había. La comida fué un balsamo, compartir estos manjares en medio del campo después del esfuerzo al que habíamos sometido a nuestros cuerpos es mágico.

Nuestras compañeras compartieron con nosotros un poco del elixir, y a partir de ahí y dando por perdido el encuentro con el Tejo, iniciamos el descenso, con la esperanza todavía de encontrar el Bosque. Es cierto que no es lo mismo subir que bajar, y el descenso fue mucho más cómodo y rápido. Desandábamos el camino de la mañana y en el punto en que se suponía debía aparecer el Bosque, aunamos esfuerzos entre todos para poder encontrarlo. Nos desplegamos y empezamos a batir toda la zona. Buscábamos un sendero que debía estar escondido entre los matorrales….y al final apareció.

Había estado hay todo el tiempo, pero no lo habíamos visto. Seguimos el sendero y el número de Arces se incrementó notablemente. En muy poco tiempo, nos encontrábamos en medio del mágico Bosque, !como describir este lugar!. No es en sí un bosque, como su sugerente nombre indica, sino un pequeño rincón atravesado por un pequeño arroyuelo, pegado a una pared rocosa y plagado de Arces,  también encontramos algún Tejo. Si que parece estar aislado del resto, y al entrar en él se tiene una sensación de calma y paz que te aísla completamente del mundo. El viento, que susurra entre los arces, hace bailar las hojas que se deslizan al suelo en una danza sinuosa, formando un manto pajizo.

La noche caía sobre la tierra, y las sombras empezaban a cubrir el Bosque. Era el  momento de la salida de las Hadas, era el momento de dejarlas salir. Una visita al nacimiento del pequeño riachuelo, para beber de su cristalina y prístina agua, y se imponía el regreso al mundo.

Volvíamos henchidos de orgullo por haber transmutado nuestro pesar y decepción. Volvíamos con la alegría de la misión cumplida, como quien se quita un peso que lleva soportando mucho tiempo y ve por fin aligerada su carga. El regreso fue largo y tedioso hasta el punto donde habíamos dejado el coche, ya que volvimos por la pista forestal, pero aún quedaba una pequeña misión. Todavía un objetivo más moteaba el horizonte. EL PAN.

Debe estar claro que el motor que ha tirado de mí, tanto en esta como en otras aventuras, ha sido el Pan. Por eso este apartado de viajes tiene aquí su mejor cabida. Porque de una u otra forma, el Pan siempre está presente. En esta ocasión y aunque no lo he mencionado antes, preparé la noche anterior un PAYES. Un pan de unos 800gr, que si bien me quedo un poco crudo por dentro, cayó prácticamente entero.

Y el objetivo que nos faltaba, era comprar un Pan de verdad en Fuente Higuera. La pena fue que en la panadería de toda la vida, ya no les quedaba, pero en la de arriba sí que había. No es el mismo Pan, pero a mí me sirvió. Todavía hoy estoy disfrutando en muchos desayunos con esas tostadas con Pan de verdad.

Volvíamos muy cansados, pero muy felices de haber disfrutado del Bosque de las Hadas casi en su plenitud (es cierto que un par de semanas antes, y habríamos encontrado más hojas arriba que abajo). Llegamos a casa con ganas de volver a calzarnos las botas y explorar nuevos territorios. Además aún nos quedaba el Tejo…..pero esa es otra historia.

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2 comentarios sobre “Escapadas

    CHUS escribió:
    23 febrero, 2012 en 23:33

    POR FIN LO HE LEIDO ENTERO…..Y ES QUE TU PROSA CERVANTINA NO ES LIVIANA EN SU EJECUCIÓN….JEJEJJEEE

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      horneandopanaleman respondido:
      24 febrero, 2012 en 08:38

      !!Hombre ya era hora!!.
      Cierto, pero hay que entender que la idiosincrasia de la situación, brevaga hacia derroteros tan drásticos.

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