Bretaña. Día 3

VIERNES 31 DE JULIO.

No hay duda, esta noche he dormido mucho mejor. Al menos la cama me daba más confianza, el olor era agradable, era cómoda, y además estaba más cansado (si eso es posible). Nos encaminamos con paso firme (¡vamos con más hambre que el perro del afilador!) al comedor, tengo un muy grato recuerdo de mi primera vez … en el Campanille de Brujas (como ya habré escrito más de una vez, pero no me canso) y mi estómago bulle de emoción a la espera de lo que se encontrará allí, pero ¡horror, me he olvidado de las botellitas de aceite para que el desayuno fuera redondo!, pero no pasa nada, seguro que los manjares que me encuentre me harán olvidarlo.

Chateau de Serrant
Chateau de Serrant

Bueno, para ser del todo sincero, es cierto que el desayuno está bien pero no le llega a mi recuerdo. Cierto que hay una especie de queso cremoso, y varios tipos de mermelada, pero ni tantos ni tan buenos; pan hay de 2 tipos, pero tampoco es la variedad que esperaba (es una tónica que se repetirá, debo mentalizarme de que no estoy en Alemania). De cualquier forma, es bastante abundante, el café está muy bueno, el comedor es muy agradable y etc.

Hay que decir que nos tomamos el desayuno con calma, este y todos en general, no es que lo reposemos hasta criar culo, pero no vamos agobiados.

Nuestro objetivo de hoy son castillos, el de Serrant y el de Brissac, y después ya veremos. Por eso, y teniendo en cuenta que el más alejado es el de Serrant, nos vamos para allá tempranito. De hecho llegamos justo cuando lo acababan de abrir, y lo visitamos con otros 2 individuos, franceses creo; de hecho, uno para mí que esta haciendo el Loira en barco y lo digo por la gorra de marinero que llevaba.

Lago en Serrant
Lago en Serrant

Pues decir que este castillo es una pasada, tanto los alrededores con su foso y su pequeño lago, como el interior. !Dios! la biblioteca es para morirse de envidia, con su cantidad de libros, fotografías, el diseño recargado pero acogedor, su rincón de lectura con la chimenea, ¡YO QUIERO UNA COMO ESAS!. Es para llorar y para gritar a la vez. Es en el folleto de este castillo donde se descubre la palabra del viaje “muetos”, que nos amenizará todo el viaje. El guía hablaba un perfecto francés, pero a diferencia del que luego llevaremos en el otro castillo, a este más o menos se le entiende. Además como somos tan poquitos, es todo mucho más agradable y acogedor.

Después de la extensa visita y ya que íbamos muy tranquilos, nos quedamos por los alrededores echando fotos cerca del lago y paseando por ese entorno de ensueño. Pero las vacaciones nos esperan, y el castillo de Brissac también. Se nos han hecho las 12 y pico, y la decisión empieza a ser: ¡cuando comemos!. Hay que ver Fernando que ansia con la comida, ¡que no se la llevan!, (bueno … depende).

El caso es que de camino a Brissac, y siendo sobre la 1 de la tarde, paramos a comer en una Boulangerie donde vemos que tienen bocadillos, trozos de pizzas, dulces, y ese tipo de cosas. Como tiene mesas en el exterior, nos quedamos en una de ellas y degustamos una ligera comida, no es la mejor del viaje, pero es pasable. Y continuamos nuestra visita al próximo monumento a la belleza.

Chateau de Brissac
Chateau de Brissac

Si Serrant se nos ha mostrado impresionante, tanto el entorno como el propio castillo de Brissac, es apabullante: que árboles más espectaculares, el entorno verde intenso, su pequeño riachuelo que lo rodea, y la enorme mole de piedra que se nos muestra desafiante, pareciendo decirnos: entrar y disfrutar de mis maravillas.

Tenemos que esperar un poquito, porque aquí las visitas son también guiadas (y menudo guía). De hecho, se amontona una gran cantidad de gente y promete ser una visita un poquito agobiante. Pero no me importa demasiado. Tras echar unas fotos en unas mesas al lado del castillo, se abre la veda y pasamos al castillo. Como he dicho, ¡el guía es un cansino de cuidao!. Este también hablaba un perfecto francés, pero es que el tío ¡no se calla ni un momento!, que pesao, que plasta, y había que seguirlo con otras 30 o 40 personas, todos como borregos, porque no hay manera de ir a tu aire. Menos mal que el interior me impresiona como era de esperar.

Al terminar tan grata visita, nos damos un paseo por los alrededores. ¡Joder!, que vista había desde unos bancos en lo alto. Y que entorno, en la parte del puente, con las flores lilas en contraste con la cantidad de tonos verdes de los árboles, y siempre, siempre, al fondo el castillo. Hay que ver lo que disfruto este paseo. El Valle del Loira, es de los paisajes más bellos que nunca han visto mis ojos.

Después de la foto de Clara y Pilar en la barca, decidimos sentarnos a echar un helado (el mío un cono de chocolate y pistacho) en una terraza cercana, con vistas al castillo. Vaya pedazo colofón, y vaya par de castillos que no vimos en su día, (vaya pedazo cansino el guía).

Por una parte me quedan ganas de ver más castillos, bueno esas ganas estoy seguro que no se agotarían nunca, pero por otra parte no hay que saturarse; y tirar como locos en busca de otro castillo, habría significado no disfrutar realmente de la tranquilidad que hemos vivido en este último. Es cierto que ese otro castillo habría sido mi espinita clavada, “Azaly Le Rideau”, pero bueno como se que tarde o temprano volveré al Loira, ese será mi primer objetivo.

Catedral de Angers
Catedral de Angers

Por eso, y a una hora más que prudente, nos vamos para Angers. No es una ciudad que tuviéramos como una prioridad, pero lo que pudimos ver al llegar anoche al hotel, prometía ser interesante. Dejamos el coche en una calle con cuesta, y le echamos a la zona azul (aparte de la gasolina, son los únicos gastos, y no son muy caros). Vamos a vagar un poquito, porque al no llevar un objetivo específico, te dejas un poco en el fluir de la gente, del tráfico, y te vas llenando con lo que la ciudad te quiera ofrecer.

En ese discurrir, llegamos a una bonita iglesia, un poco encerrada entre callejuelas, pero que en su fachada muestra una vista impresionante. La han limpiado hace poco, y nos enseña su aspecto más nítido. No voy a explicar aquí como era por dentro, porque han sido tantas y tan bonitas las que hemos visitado, que se difuminan en mis recuerdos. Luego proseguimos hacia el castillo, que evidentemente no vamos a visitar por dentro, pero que parece interesante para echarle un vistazo general.

Al final terminamos llegando a las inmediaciones del castillo y observamos desde uno de sus laterales, una vista panorámica de una parte de la ciudad (al otro lado del río). Y como no, ahora el objetivo se convierte en “CENAR”. Nos metemos por una zona peatonal, pero no parece haber una gran cantidad de opciones donde elegir, es cierto que hay varios pubs, pero restaurantes tal cual no muchos. Alguna Creperie, y andando por esa calle peatonal, llegamos hasta un lugar en obras, donde aparecen varios restaurantes, no nos lo pensamos mucho, para que vamos a discutir, y pasamos al que mejor vibraciones nos transmite.

El local, de entrada no parecía destacar por su encanto o por su gusto en la decoración, sin embargo es una de esas ideas iniciales que pronto se tornan erróneas, y no porque sea equivocada, sino porque es uno de esos lugares, en los que terminas disfrutando de una cena muy divertida, desternillante, pa desorinarse. Una de esas que siempre se recuerdan, y no por la calidad de sus platos, sino por la de la conversación. Aún así, el local estaba bastante bien; y eso que nos costo 2 o 3 viajes del camarero para entendernos, y llegar a comprender que el menú que tenía bastante buena pinta, solo era para las comidas y no para las cenas; ya se sabe, los problemas del idioma que suele traer este tipo de situaciones divertidas. Bueno, pues tras entender eso mismo, nos decidimos a pedir cada uno un plato, en mi caso pasta, no recuerdo muy bien cual, pero de esa que se cuece.

Centro de Angers
Centro de Angers

Pues a lo que iba, que es una de esas cenas en las que impera el reino del cachondeo. Clara estaba sembrada, se empieza hablando de los pueblos, de los personajes típicos que hay en ellos, que si la puta (huy perdón, prostituta), el borracho, etc., y por un lado Raúl y Fernando preguntándole a ella, y ella dándole las vueltas a las cosas, y que has dicho y tal y cual. En fin, como digo un pitorreo de narices. Y claro está como es lógico, armando un buen follón en el bar, que le vamos a hacer ¡somos españoles!

Entre risa y risa, bocado y bocado, terminamos la cena y nos vamos a dar otra pequeña vueltecilla por la ciudad, nos comemos un helado mientras paseamos y la verdad es que a esa hora ya empezaba a soplar un airecillo de lo más fresco. Pasaban ya las 11 cuando decidimos volver al hotel. Ha sido breve la visita a Angers, pero nos deja un buen sabor de boca, no se si será por el helado de chocolate, por el buen rollito de la cena, por el día de los castillos que hemos llevado, aunque supongo que más bien será por un poco de todo.

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