Tortas de Manteca

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Vamos con otra de esas recetas de toda la vida. Quien no se acuerda, del maravilloso olor de una torta de manteca calentada al fuego, el aroma que desprende el azucar tostada y como se ablanda la torta con el calor.

Vale que hoy día es difícil conseguir esto con una vitrocerámica, pero os puedo asegurar que cuando saqué las tortas del horno, después de haberlas gratinado para tostar un poco el azúcar, ese olor me trasporto años atrás, y una sonrisa que sólo se puede conseguir con un bonito recuerdo, se dibujo en mi cara.

En fín, voy a contaros como hice estas “tortas de manteca“, al uso de como se hacen en La Mancha.

Lo primero ha sido hacer una masa de pan, de las normales de toda la vida, la típica masa blanca. Para ello, he seguido la receta de masa blanca de Bertinet:

  • 250 gr de harina
  • 175 gr de agua
  • 5 gr de levadura fresca
  • 5 gr de sal

Aunque se trata de la masa de Bertinet, como he utilizado harina de fuerza, la capacidad de absorción es mayor y se ha dejado amasar muy bien. A la de 3 amasados de 15 segundos y 3 reposos de 5 minutos, ya esta lista.

La he dejado reposar más o menos 1 hora. Pasado ese tiempo, la he extendido en la mesa y le he añadido 85 gr de manteca de cerdo. La manteca la he calentado un poco, para poder trabajarla mejor, y he vuelto a amasar.

En este caso, y puesto que con la manteca se ha hidratado mucho más la masa, he tenido que recurrir al amasado Bertinet, y al cabo de unos 10 minutos, ya tenía una masa firme y elástica.

Con estas cantidades, me ha dado para 4 tortas medianas. ¿Y como las he hecho?, pues les he dado forma ovalada, aplastándolas con el rodillo. No las he aplastado demasiado porque me gustán gorditas, pero como es cuestión de gustos, si se quieren más finas las aplanamos más.

Así las he dejado reposar otra hora, mientras se calentaba el horno con las piedras.

Pasada la hora, les he hechado una buena cantidad de azúcar por encima y al horno. En 10 minutos con calor arriba y abajo y un pelín de gratinador al final, estaban listas.

Como ya he dicho, el olor a infancia era inconfundible. Me encanta hacer recetas de las que he comido toda la vida, un día de estos, colgaré también la de los “bollos madaleneros“.

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