A night at the “Panaderia Chinchilla”

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Por fín he hecho realidad uno de mis sueños panaderiles, !seguir todo el proceso de fabricación del pan!. Vamos en la practica, pasar toda una noche en vela.

Pues eso, que tenía yo ganas de ver los entresijos de una panadería de verdad, de esas que cuando pasas por la calle, te eleva el olorcito a pan recién hecho. Pues por una serie de circunstancias que ahora no vienen al caso, contacte con un panadero de una panaderia tradicional “de toda la vida” concretamente en la “panaderia chinchilla” (de Chinchilla).

Cuando llegué allí, a la 1 de la noche, aquello ya estaba en plena efervescencia, el olor a fermentación era innegable, las amasadoras estaban a todo trapo, y ya fermentaban más de un tipo de pan. Enormes armarios de madera, que es donde la masa reposa, tanto en un primer momento, como para la segunda fermentación.

Lo mío todo era prenguntar, ¿para que sirve esto? ¿como haces aquello?, ¿cuanto tiempo tienes esto otro?, y así sin parar. Pedro (el panadero) muy amable y atento, aguanto mis constantes preguntas, pero además, se notaba que ama su trabajo, que disfruta con lo que hace.

Poco después de llegar, me obsequio con un bonito delantal blanco !!iba a poder echarle una mano!!, ya no cabía en mí de gozo. Podría tocar la masa, darle forma.

Pues sí, evidentemente pude “bolear” alguna que otra barra, y algún pan. Para todos los tipos de pan que hacen, siempre dejan reposar la masa en forma de bola. Tras ese primer reposo, ya le dan la forma que va a tener y la segunda fermentación es más larga.

Aunque se utiliza la misma masa para algunos tipos de pan, es cierto que había 4 o 5 tipos distintos de mezcla, pero supongo que principalmente gracias al amasado a máquina, ninguna masa era muy húmeda, todas se dejaban trabajar muy bien. Tan sólo las que hizo con “harina de centeno“, se pegaba un poquito cuando las boleamos, pero tras el primer reposo se dejaban hacer mucho mejor. En este caso, como era pan que llevaba semillas por encima, para pegarle las semillas humedecio las barras con un pincel y agua y volco la barra sobre las semillas. Esto lo hizo tras el primer reposo, con lo que la segunda fermentación fué con ellas.

Pero sin duda, el momento algido fué cuando encendió el horno (uno de estos giratorios de fabricación española), la leña empezó a hacer su trabajo y los primeros panes empezaron a crecer. Antes de ellos, metió las tortas de manteca para que estas generaran el vapor necesario. Y al cabo de una media hora, empezaron a salir, esos maravillosos panes caseros con una greña que daba envidia verla, y con un crujir maravilloso, una canto de sirena para mis oídos (y no digo ná, pa mi estomago, porque medio pan cayo en una tostada esa misma mañana).

He aquí el resultado del proceso:

En fín, salí de allí con un pan casero, uno de centeno y unas tortas de manteca, mucho sueño, y una sonrisa enorme en la cara. Fué una experiencia muy enriquecedora, que me acercó un poquito más a este apasionante mundo.

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